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La vida de Mariscal

Recuerdos

GENERACIÓN DE LOS 76-86

GENERACIÓN DE LOS 76-86 Comíamos phosquitos y los Tigretones eran lo mejor, aunque aquello que empezaba (algo llamado Bollycao) no estaba del todo mal.

Somos de la generación de "El Coche Fantástico", de "Oliver y Benjí". La generación que se cansó de ver a las Mamachichos.

La generación a la que le entra la risa floja cada vez que tratan de vendernos que España es favorita para un Mundial.

La última generación que veía a su padre poner la baca del coche hasta el culo de maletas para ir de vacaciones.

La última generación de las litronas y los porros, y qué coño, la última generación cuerda que ha habido.

La verdad es que no sé, cómo hemos podido sobrevivir a nuestra infancia!!!!!!

Mirando atrás, es difícil creer que estemos vivos en la España de antes: nosotros viajábamos en coches sin cinturones de seguridad traseros, sin sillitas especiales y sin air-bags.

Hacíamos viajes de más de 3 horas sin descanso, con cinco personas en el coche y no sufríamos el síndrome de la clase turista. No tuvimos puertas con protecciones, armarios o frascos de medicinas con tapones a prueba de niños.

Andábamos en bicicleta sin casco, ni protectores para las rodillas ni codos. Los columpios eran de metal y con esquinas en pico.

Salíamos de casa por la mañana, jugábamos todo el día, y sólo volvíamos cuando se encendían las luces.

No había móviles. Nos rompíamos los huesos y los dientes, y no había ninguna ley para castigar a los culpables.

Nos abríamos la cabeza jugando a guerras de piedras, y no pasaba nada, eran cosas de niños, y se curaban con mercromina (roja) y unos puntos, y al día siguiente todos contentos.

Íbamos a clase cargados de libros y cuadernos, todo metido en una mochila que, rara vez, tenía refuerzo para los hombros, y mucho menos ruedas!!!

Comíamos dulces y bebíamos refrescos, pero no éramos obesos. Si acaso alguno era gordo y punto.

Estábamos siempre al aire libre corriendo y jugando. Compartíamos botellas de refrescos y nadie se contagió de nada. Sólo nos contagiábamos los piojos en el cole. Cosa que nuestras madres arreglaban lavándonos la cabeza con vinagre caliente (o los más afortunados con Orión)

Y ligábamos con l@s niñ@s jugando a beso, verdad o atrevimiento o al conejo de la suerte, no en un chat diciendo memeces.

Éramos responsables de nuestras acciones y arreábamos con las consecuencias. No había nadie para resolver eso. La idea de un padre protegiéndonos, si trasgredíamos alguna ley, era inadmisible, si acaso nos soltaban un guantazo o un zapatillazo y te callabas.


Tuvimos libertad, fracaso, respeto, éxito y responsabilidad, y aprendimos a crecer con todo ello.

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